Traje verde limón, piernas cruzadas, maquillaje muy casual y las manos sobre la cartera de cuero negra acompañaban su mirada serena y concentrada. Cada vez que entraba o salía de la sala, se percibía su angustia. Ema Gómez está acusada por el asesinato del juez de menores Héctor Aráoz; por eso, aunque trate de mostrar serenidad, es lógico que los nervios se apoderen de ella.

De entre los cinco ex policías que están acusados, fue la primera en entrar al Palacio de Tribunales. Llegó a toda velocidad y se dirigió a la sala. Antes, sorteó micrófonos y cámaras. Ya en su asiento, parecía aburrida. Tomaba agua; fumaba contra la ventana.

Al final de la sesión matutina, sus familiares hicieron las veces de guardaespaldas. Todos los medios querían algún comentario de ella. "Por favor, abran paso. ¡Sin comentarios!", gritaba su padre, Carlos Alberto Gómez, abriendo los brazos ante ella. Su madre, Griselda Antonia Rojo, lo emuló. "¡No dejan caminar!", exclamaba ella.

A la tarde, llegó 15 minutos antes del inicio de la audiencia. Su familia la escoltó nuevamente hasta que ingresó a la sala.

Sus padres dijeron que están muy tranquilos, porque saben que todo va a salir bien. "Creemos en ella y sabemos que es inocente", le dijo Rojo a LA GACETA con una gran sonrisa.

Gómez, cuando habló con este diario hace un par de años, dijo que la sociedad la señala con el dedo. Pero su familia la apoya. "Ema tiene que atravesar este duro momento, pero dentro de poco volverá a tener una vida normal", dijo su madre.

Durante el debate, la ex agente se daba vuelta para ver a sus padres De vez en cuando, les dedicaba una sonrisa. "Sus dos hijos no vinieron. Cada uno está estudiando y muy bien, no tiene sentido exponerlos a esto", concluyó Rojo. (Por Sabrina Prieto - Redacción LA GACETA)